Un día antes de esta entrevista había estado en la Cámara de Madrid y en la Secretaría del Gobierno de España, en dos jornadas sobre el uso de datos. Salí con una idea clara y con una pregunta incómoda: la idea es que el dato compartido es una oportunidad enorme para la pyme española; la pregunta es si la ética europea del dato nos va a dejar atrás.
Entrevista en Gran Vía Radio · 26 de mayo de 2023
Respuesta directa
Existen tres modelos de privacidad en el mundo: el chino (el Estado lo posee todo), el estadounidense (las empresas gestionan la privacidad) y el europeo (el poder es del ciudadano). El modelo europeo es el más protector y también el que menos datos deja disponibles para entrenar inteligencia artificial, lo que abre un debate real sobre competitividad. La respuesta europea son los espacios de datos y Gaia-X: infraestructura donde el software corre y los datos permanecen en Europa, con acceso diseñado para que también las pymes puedan aprovecharlo.
Lo que se estaba cociendo en la Secretaría del Gobierno
La jornada era la presentación de El negocio de los datos, del catedrático Francisco José Fernández Romero, experto en sector público y gobernanza. La tesis del libro es que las tecnologías de inteligencia de datos son ya cruciales para la toma de decisiones y para la economía digital, no un asunto técnico de segundo orden.
Pero lo más relevante no estaba en el libro. Estaba en la sala. Intervino Alberto Palomo, Chief Data Officer del Gobierno de España, y dejó claro que se estaba preparando un marco estructural para la gestión de datos del sector público: una estructura común que permitiera compartir datos entre la Administración del Estado y las comunidades autónomas, con recomendaciones también para el sector privado.
No se trata de control. Se trata de unificar la información que ya existe para agilizar procesos y negocios. El problema, tal y como quedó aquel día, es que el marco estaba terminado y guardado en un cajón esperando luz verde.
Tres modelos de privacidad en el mundo
La parte más interesante del debate no fue la estructura, sino la pregunta de fondo: qué nos diferencia a los europeos de los otros dos grandes actores. Hay tres modelos y no se parecen en nada.
- China. El Estado lo posee todo y hace lo que quiere: decide, maneja, impone y sanciona. Las empresas y los ciudadanos no intervienen.
- Estados Unidos. Son las empresas las que gestionan la privacidad, con cierta regulación de protección al ciudadano.
- Unión Europea. Todo el poder al ciudadano sobre sus propios datos. Es nuestra herencia ética, y yo soy el primero que la defiende: mis datos son míos.
El dilema que nadie quiere plantear en voz alta
Aquí es donde el debate se puso serio. Cuantos más datos tienes, más fácil es entrenar una inteligencia artificial. China maneja datos de mil trescientos millones de personas —los oficiales, más lo que hayan recogido de otros países—. Las tecnológicas estadounidenses, con todos sus usuarios, también tienen una cantidad enorme.
En Europa somos pocos y encima ponemos condiciones al tratamiento del dato. La pregunta incómoda es si esa ética nos va a dejar atrás en desarrollo tecnológico.
Mi posición entonces y ahora es la misma: no se trata de renunciar a la privacidad, sino de llevar a un consenso la privacidad que queremos tener y el avance tecnológico que Europa necesita. Si ese consenso no se busca de forma explícita, la respuesta se va a dar sola y no nos va a gustar.
Gaia-X: por qué a una pyme le interesa
El proyecto que da salida práctica a todo esto es Gaia-X: una nube europea donde mantener nuestro software corriendo con los datos contenidos en Europa, sin acceso desde terceros países. Es la diferencia entre tener los datos en Facebook —donde ya sabes que van a Estados Unidos— y tener el dominio y la gestión sobre ellos.
La parte que me llamó la atención es la de las pymes. Yo hice esa pregunta directamente aquel día: ¿por qué se tendría que adherir una pyme a un modelo de compartición de datos que va a aprovechar sobre todo la grande? La respuesta fue que el acceso está diseñado para ser justo en las dos direcciones: las pequeñas empresas acceden a datos de las grandes, y las grandes tendrán que ceder también.
Si eso funciona, la capacidad de una pyme cambia de escala. Acceder a millones de registros de hábitos de compra —regulado y con la privacidad adecuada— permite plantear modelos de negocio nuevos o vender en cualquier país europeo con estudios de mercado que hoy serían inasumibles.
Sobre el proyecto europeo en detalle escribí más adelante en Gaia-X y los espacios de datos: qué gana una empresa.
Una aclaración que evita el malentendido más común
En la entrevista surgió la objeción evidente, y es la que aparece siempre: ninguna gran empresa va a entregar los datos de sus clientes para que le hagan la competencia.
Es cierto, y por eso no es lo que se propone. No se comparten clientes: se comparten hábitos de consumo anonimizados. Con eso no puedes dirigirte a un cliente concreto de otra empresa, pero sí puedes entender cómo se comporta un mercado. Confundir las dos cosas es lo que hace que la conversación sobre espacios de datos se atasque antes de empezar.
La unificación como oportunidad real
Europa funciona en esto como una pequeña ONU: no hablamos el mismo idioma, no explicamos las cosas de la misma manera y no nombramos igual a las mismas cosas. Por eso la unificación de datos, si llega a producirse, puede ser la mayor revolución europea en mucho tiempo.
La conclusión con la que cerré aquella entrevista sigue valiendo: son buenas noticias para las pymes españolas. El proyecto va despacio, pero va.
Visto desde hoy
Tres años después, el marco de gobernanza del dato público sigue avanzando más despacio de lo que anunciaba aquella jornada, y el dilema entre protección y competitividad se ha vuelto el eje del debate europeo sobre inteligencia artificial. La distinción entre compartir clientes y compartir hábitos anonimizados sigue siendo el malentendido que más conversaciones bloquea.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los tres modelos de privacidad de datos en el mundo?
El chino, donde el Estado lo posee y decide todo; el estadounidense, donde son las empresas las que gestionan la privacidad con cierta regulación protectora; y el europeo, que otorga al ciudadano el control sobre sus propios datos. Son tres filosofías distintas, no tres grados del mismo modelo.
¿La protección de datos europea frena el desarrollo de la inteligencia artificial?
Es un riesgo real que conviene plantear abiertamente. Entrenar modelos requiere volumen de datos, y China opera con datos de más de mil trescientos millones de personas mientras Europa es más pequeña y más restrictiva. La salida no es renunciar a la privacidad, sino buscar de forma explícita un consenso entre el nivel de protección deseado y la competitividad tecnológica necesaria.
¿Qué es Gaia-X y para qué sirve?
Es el proyecto de infraestructura de datos europea que permite mantener software y datos dentro de Europa, sin que sean accesibles desde terceros países. La diferencia práctica frente a una nube estadounidense es quién conserva el dominio y la gestión sobre la información.
¿Qué gana una pyme adhiriéndose a un espacio de datos?
Acceso a volúmenes de información que por sí sola nunca podría reunir: millones de registros de hábitos de compra que permiten diseñar productos, abrir mercados en otros países europeos o hacer estudios de mercado que de otro modo serían inasumibles por coste.
¿Compartir datos significa entregar la cartera de clientes?
No. Se comparten hábitos de consumo anonimizados, no identidades de clientes. Con datos agregados y anónimos se puede entender cómo se comporta un mercado, pero no dirigirse a un cliente concreto de otra empresa. Es la distinción clave para entender el modelo.
¿Por qué recibo llamadas comerciales si estoy en la Lista Robinson?
Porque al contratar un servicio se suele ceder el dato no solo a la empresa contratada sino a terceros, y esos terceros pueden no estar suscritos al servicio de exclusión publicitaria. El consentimiento a la cesión a terceros suele aceptarse sin leerlo, y ahí empieza el problema.