La inteligencia artificial ya no solo simula lo que dices. Puede inventarlo. Con tu cara y con tu voz, sin que tú te enteres. Y lo grave no es el vídeo falso: es lo que pasa con la verdad cuando cualquier cosa puede ser mentira.

Programa: 20 de mayo de 2025 · Digital World · Are Business RadioTV · Radio Libertad 107.0 FM

Respuesta directa

Un deepfake es un contenido de audio o vídeo sintético que reproduce la cara o la voz de una persona real diciendo algo que nunca dijo. Para una empresa el riesgo ya no es hipotético: suplantación de directivos para autorizar transferencias, declaraciones falsas atribuidas a portavoces y extorsión reputacional. La defensa no es tecnológica sino de proceso: verificación por un segundo canal para cualquier instrucción sensible, una palabra clave acordada internamente y un protocolo de respuesta rápida ante un contenido falso.

El problema no es el vídeo falso

A ver, vamos por partes, porque aquí es muy fácil quedarse en el titular alarmista.

Los deepfakes dejaron de ser ciencia ficción hace tiempo. Lo grave no es que exista un vídeo falso tuyo. Es la consecuencia de segundo orden: cuando cualquier cosa puede ser falsa, la verdad pierde valor.

Y ese es el daño de verdad. No solo pueden atribuirte algo que no dijiste; también puedes negar algo que sí dijiste. Fijaos en una cosa: la confianza es la infraestructura invisible sobre la que funciona cualquier negocio. Un contrato, un pedido por teléfono, una autorización de pago. Todo eso se sostiene sobre dar por hecho que quien está al otro lado es quien dice ser.

¿Y esto para una pyme qué supone?

Imaginemos una empresa de treinta personas. El director financiero recibe un audio de WhatsApp del gerente, con su voz, pidiendo que adelante un pago urgente a un proveedor nuevo porque está en una reunión y no puede llamar. Antes eso exigía un actor y mucho morro. Hoy hacen falta treinta segundos de audio del gerente, que están en cualquier vídeo de LinkedIn.

El problema es que la defensa que la mayoría imagina —«ya me daré cuenta»— es exactamente la que ha dejado de funcionar.

Lo que sí funciona no es tecnológico, y por eso es asequible para cualquier empresa: una palabra clave acordada entre las tres o cuatro personas que pueden autorizar un pago, y la norma de que ninguna instrucción de dinero se ejecuta sin confirmarla por un canal distinto de aquel por el que llegó. Si te llega por audio, se confirma por llamada. Si llega por correo, se confirma en persona.

Cuesta cero euros y es lo único que aguanta.

Las entrevistas presenciales han vuelto

Uno de los efectos colaterales más curiosos del programa: las entrevistas de trabajo presenciales están volviendo, porque ya no se fían de los candidatos potenciados por inteligencia artificial.

El spoiler que dimos en directo: muchos brillan más en ChatGPT que en persona. Un candidato con la herramienta abierta en otra pantalla responde de forma impecable a cualquier pregunta técnica. La empresa acaba contratando a un modelo de lenguaje.

Pero también hay otra cara de la moneda aquí. Durante años se optimizó la selección para medir respuestas. Las respuestas ya no distinguen a nadie. Habrá que volver a medir criterio, y eso solo se ve conversando.

Las gafas ya están aquí

Y luego está lo de las gafas. Meta ya las tiene, Google también, y se espera que OpenAI saque las suyas. Hoy se distinguen a simple vista. El día que no se distingan —o que sean lentillas— cambia la conversación entera.

Porque no hablamos de grabar. Hablamos de que la persona que tienes enfrente te mire y le aparezca quién eres, qué empresa llevas y qué frase te va a gustar oír. Se lo está chivando la máquina en tiempo real y tú no lo sabes.

No es una distopía lejana: eso ya se hace. Lo único que falta es que deje de notarse.

Y aun así, no se trata de tener miedo

No se trata de temer a la inteligencia artificial como quien teme a un monstruo invisible. Se trata de entenderla, domarla y usarla con propósito y con ética.

Esta revolución no es cosa de mañana. Es de ahora. Y quien no la incorpore a su negocio y a su vida corre el riesgo de convertirse en el equivalente digital de un VHS en la era del streaming.

Preguntas frecuentes

¿Cómo puede protegerse una empresa de un deepfake de su director general?

Estableciendo verificación por un segundo canal para cualquier instrucción de pago o decisión sensible, una palabra clave acordada internamente entre quienes pueden autorizar, y un protocolo de comunicación rápida para desmentir contenidos falsos. Ninguna de las tres medidas cuesta dinero.

¿Se pueden detectar los deepfakes?

Cada vez con más dificultad. Existen herramientas de detección, pero van sistemáticamente por detrás de las de generación. La defensa fiable hoy es de proceso, no de detección.

¿Es legal usar la voz o la imagen de alguien generada por inteligencia artificial?

Sin consentimiento, no. Vulnera derechos de imagen y protección de datos, y según el uso puede constituir delito de suplantación, estafa o contra la integridad moral.

¿Por qué vuelven las entrevistas de trabajo presenciales?

Porque en remoto es imposible saber si el candidato está respondiendo o está leyendo lo que le sugiere una IA en otra pantalla. La entrevista presencial vuelve a medir criterio y reacción, que es lo que la herramienta no suple.

Quién estuvo en este programa