Hay una cosa que nadie te cuenta cuando empiezas a usar inteligencia artificial en el trabajo: que tus compañeros te van a mirar distinto. Y no necesariamente mejor.

Programa: 15 de mayo de 2025 · Digital World · Are Business RadioTV · Radio Libertad 107.0 FM

Respuesta directa

Existe un coste social asociado a usar inteligencia artificial en el entorno laboral: quien reconoce apoyarse en estas herramientas puede ser percibido por sus compañeros como menos competente o menos esforzado, aunque su trabajo sea mejor. El efecto es equivalente al de las redes sociales, donde solo se ve el resultado y nunca el trabajo que hay detrás. Para una empresa, la consecuencia práctica es que si el uso de IA no se normaliza desde la dirección, la gente la usará a escondidas, que es la peor de las opciones: sin criterio compartido y sin control.

El estudio del que hablamos

Comentamos en directo un artículo sobre cómo se percibe a la gente que usa inteligencia artificial en el puesto de trabajo, y la conclusión es incómoda: hay una penalización social. Quien admite que ha usado una herramienta para resolver algo puede acabar pareciendo menos competente a ojos de sus compañeros.

Y a mí lo que me pareció más interesante es la comparación que salió: es algo parecido a lo que pasa con las redes sociales.

Yo mismo no subo ni el 20% de lo que hago. Y a veces me lo critican mis socios: «con todo lo que haces, ¿por qué no lo publicas?». Pero es que la gente solo ve lo gracioso, lo bonito, el momento del evento. No ve el trabajo que hay detrás: preparar, montar, hacer las fotos, escribir. Y al final se genera una presión rara, la de parecer que estás todo el día para arriba y para abajo.

Con la inteligencia artificial pasa lo mismo pero al revés. Solo se ve el atajo, nunca el criterio.

¿Y esto para una pyme qué supone?

Porque claro, esto que parece una anécdota de psicología social tiene una consecuencia muy concreta en una empresa.

Imaginemos un departamento de ocho personas donde nadie ha dicho nada oficialmente sobre la inteligencia artificial. Tres la usan y no lo cuentan. Dos la usan mal, metiendo información que no deberían. Y tres no la usan y sospechan de las otras.

Ese departamento tiene tres problemas a la vez: no comparte lo que funciona, no corrige lo que se hace mal y ha generado desconfianza interna. Y todo por no haber tenido una conversación de veinte minutos.

Fijaos en una cosa: cuando una herramienta se usa a escondidas, la empresa pierde las dos cosas que le interesan. Pierde el aprendizaje colectivo, porque nadie enseña a nadie. Y pierde el control, porque nadie sabe qué información está saliendo por ahí.

Lo que yo haría

Normalizarlo desde arriba, y en voz alta. Que la dirección diga que usa estas herramientas y cómo. En el momento en que el jefe cuenta que ha preparado un borrador con IA y luego lo ha revisado, deja de ser un secreto vergonzante y pasa a ser una forma de trabajar.

Poner las reglas por escrito. Qué se puede meter en una herramienta externa y qué no. Sin eso, cada persona improvisa su propio criterio, y siempre hay alguien que improvisa mal.

Y separar dos cosas que se confunden todo el rato: usar la herramienta no es el mérito, ni el demérito. El mérito sigue siendo el criterio de quien decide qué pedirle, qué aceptar y qué tirar a la basura. Eso no lo hace la máquina.

La otra cara

Pero también hay que decirlo: la desconfianza no es del todo irracional. Cuando alguien entrega un texto impecable en la mitad de tiempo, la pregunta legítima es si lo ha revisado o solo lo ha copiado.

Y ahí la respuesta no es esconderse. Es al revés: quien usa la herramienta bien debería poder explicar qué comprobó, qué cambió y por qué. Eso es exactamente lo que separa a quien la usa con criterio de quien la usa como fotocopiadora.

Preguntas frecuentes

¿Está mal visto usar inteligencia artificial en el trabajo?

Existe evidencia de que puede generar una percepción negativa entre compañeros, asociada a la idea de atajo o de menor esfuerzo. Esa percepción se reduce cuando el uso está normalizado desde la dirección y cuando quien la usa puede explicar qué ha revisado.

¿Debe una empresa prohibir el uso de IA a sus empleados?

Prohibirla no funciona: se usa igual, pero sin control y sin criterio compartido. Lo eficaz es definir por escrito qué información no puede introducirse en herramientas externas y normalizar el resto del uso.

¿Cómo se normaliza el uso de IA en un equipo?

Que la dirección lo haga visible y cuente cómo lo usa, que existan reglas escritas sobre datos, y que se valore el criterio de revisión y no la rapidez. La conversación inicial cuesta veinte minutos y evita meses de uso clandestino.

¿Por qué la gente esconde que usa estas herramientas?

Por la misma razón por la que en redes sociales solo se enseña el resultado: se percibe el atajo pero no el trabajo de criterio que hay detrás. Es una penalización social, no una valoración del resultado.

Quién estuvo en este programa